DEBATE SOBRE TÁCTICA REVOLUCIONARIA.
EL CAMINO DEL PUEBLO NO ES EL CAMINO DE LA
GRAN BURGUESÍA
[BOLETÍN 01. TERCER MILENIO SOCIALISTA]
10-12-2022
Estamos atravesando económica y
políticamente, en el Perú, periodos convulsionados, un periodo de crisis generalizada de la sociedad. El
gobierno se desenmascara y se presenta como es realmente: un botín parlamentario de los partidos
burgueses, del socialismo domesticado, de los reaccionarios, etc., donde el
clientelaje, la felonía, la traición, entre los propios burgueses, es el pan de
cada día. El Estado se expresa abiertamente tal como es: la dictadura de grandes burgueses y terratenientes capitalistas. La
sociedad peruana, su carácter, se manifiesta claramente: vivimos en una sociedad capitalista semicolonial. Así mismo,
el pueblo peruano, compuesto por obreros, campesinos, pequeños comerciantes y
algunos «hombres de negocios nacionales», quienes cargan en sus hombros la
crisis social, está expresando sin tapujos la ley de la lucha de clases cuando
combate, consciente o no, contra el régimen capitalista semicolonial de
producción.
Esta situación de crisis
generalizada no expresa más que una determinación política en nuestro país: que
existe una situación revolucionaria.
Esto debido a las siguientes razones que justifican esta determinación: porque 1)
«es
imposible para las clases gobernantes mantener su dominación sin ningún cambio»;
2) hay crisis de las "alturas", es decir, en el sistema de Estado,
las grandes burguesías están en pugna: pues, atravesamos un periodo de «crisis
en la política de la clase dominante»; 3) «los de abajo no quieren» vivir como
lo han estado haciendo y «los de arriba ya no pueden seguir gobernando como lo
han estado haciendo hasta ahora»; 4) existe «una agravación, fuera de lo común,
de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas (de los obreros,
los campesinos, pequeños burgueses, etc.)»; 5) se desarrolla «una
intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas,
que en tiempos de "paz" se dejan expoliar tranquilamente, pero que en
épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como
por los mismas "clases altas", a una acción histórica independiente.[1]»
Hoy, las regiones del sur (Andahuaylas, Ayacucho, Ica, Cusco, Arequipa, Puno,
etc.), expresan esta realidad. No obstante, no toda situación revolucionaria desencadena una revolución. En efecto, es necesario crear las condiciones de la conquista del poder en medio de la
lucha de clases y en abierta lucha de posiciones políticas para desarrollar la
situación revolucionaria en crisis
revolucionaria.
En esta situación el pueblo siempre
espera atento y dispuesto la orientación correcta y las tareas políticas
concretas correspondientes a este complejo contexto político. Esta orientación
concreta sobre la situación concreta de modo revolucionario se denomina táctica revolucionaria. Dado que la táctica revolucionaria y toda
orientación política es el producto o la conclusión de una investigación es
necesario exponer su fundamento y justificación, es la razón por la que
exponemos claramente la situación política internacional y nacional.
SITUACIÓN POLÍTICA INTERNACIONAL
Los
polos principales que se enfrentan en el mundo son, por un lado, el polo de la
acción de los pueblos por la revolución,
la organización de las naciones por su emancipación,
la acción de los países por su liberación,
en otras palabras, se expresa la REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL y, por otro
lado, el polo de la acción del sistema imperialista, de un puñado de grandes
poderosos capitalistas mundiales contra la emancipación de la naciones
explotadas y oprimidas, un grupo de la gran oligarquía
financiera contra el desarrollo inexorable de la revolución social. Estos
dos polos expresan los aspectos de la contradicción principal en el plano
internacional. El camino de la Revolución
Proletaria Mundial se enfrenta al camino de la Contrarrevolución Imperialista Mundial.
Por
la razón anterior, la tesis de la bipolaridad,
entre EE.UU. y China, presentada como la contradicción principal, e incluso
como el punto de partida del análisis internacional, es incorrecta, es vulgar.
La lucha entre los estados imperialistas, ahora, no puede ser la contradicción
principal, pues ni EE.UU. ni China ni Rusia expresan los intereses de las
naciones semicoloniales y coloniales en el mundo, tampoco de la clase
proletaria. La contradicción entre EE.UU., China y Rusia, y entre otros estados
imperialistas, son contradicciones por el nuevo
reparto y saqueo del mundo, por las anexiones de territorios dominados para exportar capital productivo y crediticio,
por ello, son contradicciones en la colina
imperialista. No comprender este problema deriva en planteamientos
incorrectos sobre estrategia y táctica política internacional; deriva en
ponerse a la cola del socialimperialismo o del imperialismo de un modo filisteo;
es arriar banderas, conscientes o no, sobre el verdadero internacionalismo
proletario. Por ejemplo, nos conlleva a errores en la posición ante la actual
guerra imperialista entre EE.UU. y Rusia que se desarrolla en el territorio de
Ucrania.
La
consciencia de ciertas gentes, quienes realizan una práctica desde un punto de
partida incorrecto en el análisis mundial, –antes de entender la contradicción
principal, en el plano internacional, que se materializa en la guerra de
Ucrania- parte por preguntarse lo siguiente: «¿en la guerra entre EE.UU. y
Rusia a quién apoyamos?» Esta pregunta expresa ya, antes que nada, un problema:
el error de partida. Y como dice
Tomás de Aquino: «un pequeño error al inicio es al final grande». A diferencia
del punto de partida anterior, debemos entender, antes que nada, si la guerra entre EE.UU. y Rusia es una
guerra justa o una guerra injusta[2]:
es justa una guerra en tanto sirva a la emancipación de los trabajadores del
mundo, si es una guerra revolucionaria
de emancipación o de resistencia antiimperialista y es injusta en tanto sirve a
los intereses de las grandes oligarquías financieras del mundo, es decir, es
injusta si es una guerra de rapiña.
«La guerra es la continuación de la política por otros medios», decía Carl von
Clausewitz. Y la política, y en efecto la guerra, no se expresa jamás sin intereses económicos. A pesar
de los ánimos de la oligarquía financiera de ocultar sus capitales[3],
sus intereses económicos saltan a la vista, sus intereses económicos inevitablemente
cobran manifestaciones políticas.
Partiendo
de ello, la realidad determina que la actual guerra en territorio ucraniano es
una guerra imperialista en función de los intereses de la gran oligarquía
financiera mundial en un país semicolonial. Allí pretenden determinar estos
estados imperialistas, encabezado por EE.UU. y Rusia, su correlación de fuerzas
político-militares con el objetivo económico de apropiarse de territorios,
materias primas (gas, petróleo, etc.), zonas agrarias, fuerza de trabajo barato
para mayor acumulación capitalista, etc. En esta guerra, como en todas las
guerras imperialistas, hay intereses de anexar territorios enteros, mercados y
apropiarse, sobre todo, de recursos naturales estratégicas para la exportación
de capitales (productivos y usurarios) en beneficio de grandes magnates
financieros de Norteamérica y Rusia: véase en EE.UU. a los magnates del Wall
Stret y en Rusia a los Roman Abramovich o a los Igor Sechin.
Tanto
Estados Unidos, Rusia y China poseen Estados imperialistas. Estados Unidos expresa
la crisis del decadente capitalismo monopolista norteamericano, el fracaso de
la legitimidad de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el
desenmascaramiento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la pérdida del
dominio del mercado mundial, etc. Rusia y China actualmente expresan, política
y económicamente, la consecuencia reaccionaria de la restauración capitalista contra el desarrollo del socialismo, en
1954 y 1976 respectivamente.
La
acción imperialista, reaccionaria de EE.UU. en Ucrania, así como en todo el
mundo, es reconocible. No hay duda que EE.UU. pretende apropiarse de mucho más
territorio estratégico para librar luchas contra otras potencias económicas que
le han ido quitando su poderío monopolista en estos últimos 50 años. El quit
del asunto está en entender el objetivo de Rusia en esta guerra: se conoce que,
tras su estabilización, Rusia, desde los primeros años del presente siglo,
intenta recuperar todos los mercados y colonias en los que había perdido cierta
influencia económica y política, esto producto del proceso de lucha en el
periodo de la Guerra Fría que tuvo su fin con la caída del Muro de Berlín, y
uno de esos territorios es Ucrania. El factor clave de la economía ucraniana es
que en su territorio se encuentran los gaseoductos mediante los cuales Rusia
suministra cerca del 30% del gas natural que consumen los países europeos. A su
vez más del 60% del gas que consume Ucrania proviene de Rusia. Rusia, hasta
antes del movimiento reaccionario y pronorteamericano Maidán, –aunque
actualmente sigue siéndolo, pero en un grado menor- era el mayor exportador e
importador de Ucrania con una diferencia abismal con el resto de sus
competidores. Por otra parte, el resto de países de la Unión Aduanera
(Bielorrusia, Kazajistán, es decir, las semicolonias rusas) eran junto con
Rusia, y con una diferencia abrumadora, los principales “socios comerciales y
financieros” de Ucrania. Los intereses la oligarquía financiera de Rusia en
Ucrania son los intereses del socialimperialismo en territorio ucraniano.
No
obstante, un grupo de falsos marxistas, que además se autodenominan de
izquierda, justifican la intervención rusa en nombre de la lucha contra el «fascismo»
y en nombre de la clase obrera ucraniana y rusa, demuestran así ser fervorosos
lacayos y guardianes del socialimperialismo ruso. La añoranza del pasado,
desmantelar la diferencia entre guerra justa e injusta y el olvido de que Rusia
actual es la configuración política de la restauración contrarrevoluacionaria
del capitalista contra el poder soviético, les ha llevado a tales conclusiones
incorrectas. En coordinación con los organismos de política internacional ruso
(embajadas, entre otros) pretenden llamar a una falsa «solidaridad
internacional» que tiene como contenido político no la solidaridad, aunque lo
digan de palabra, con la clase obrera de Ucrania ni de Rusia, sino la
solidaridad con las acciones del socialimperialismo, la solidaridad con la
oligarquía financiera rusa.
En
resumen: la guerra en Ucrania es una guerra interimperialista mundial que no
tiene como principal motor a la clase obrera, al pueblo oprimido, por ende, es
una guerra injusta. Esto demuestra la
invalidez de las tesis de quienes sostienen un putinismo vergonzante, de quienes se han arrodillado ante el socialimperialismo
ruso. Se debe boicotear la guerra imperialista oponiendo a la guerra injusta la guerra justa por la revolución de los pueblos del mundo; en tal
tarea se deben enmarcar los proletarios de Ucrania y Rusia, como las repúblicas
populares de Donetsk y Lugansk. Debemos desarrollar la internacional proletaria
mediante la lucha contra el imperialismo y socialimperialismo mundial; se debe
afirmar y defender la autodeterminación
de las naciones contra el imperialismo norteamericano y el
socialimperialismo ruso.
SITUACIÓN ECONÓMICA-POLÍTICA NACIONAL
A consecuencia de la crisis
generalizada de la sociedad, el sistema de Estado burgués atraviesa la Primera Reestructuración Estatal del siglo
XXI. Y, por su carácter, esta reestructuración
estatal la dirige en lo político la dictadura conjunta de los grandes
burgueses y terratenientes capitalistas.
El nervio, el eje económico del
sistema de Estado en nuestro país –por el carácter de la sociedad peruana y el
desarrollo limitado de las fuerzas productivas- es la propiedad privada sobre
los recursos naturales. Entiéndase por recursos naturales no solo en su forma
de naturaleza, sino en su forma de materia prima indispensable, como capital
constante, para el proceso capitalista de producción económica. Los
terratenientes burgueses son propietarios de inmensos latifundios capitalistas,
mientras que la gran burguesía es propietaria de los medios de producción en
nuestro país y, sobre todo, es propietaria de los recursos naturales
estratégicos (minerales, gas, petróleo, etc.). Este asunto económico lo
exponemos a detalle más adelante.
Así, la reestructuración estatal burguesa
tiene dos aspectos importantes: el aspecto económico y el aspecto político.
En el aspecto económico, se
reestructura considerablemente el proceso de acumulación capitalista en el Perú. El sistema jurídico vigente –producto
de las interrelaciones imperialistas, las pugnas entre las fracciones de la
gran burguesía, el desarrollo capitalista de producción y la lucha de clases-
se ha convertido en una traba para el acelerado proceso de acumulación
capitalista. Este hecho económico es la razón política por la cual se han
realizado más de 45 cambios de la CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL PERÚ. «Desde 1993,
la Constitución Política del Perú ha tenido 45 cambios: 34 modificaciones, 9
agregados e incorporados y 2 sustituciones a artículos, incisos, numerales,
párrafos, disposiciones finales o transitorias, y capítulos. Todos estos
cambios se realizaron en 13 de los 28 años que lleva publicada la actual carta
magna. El año con más cambios es el 2005, y desde el 2017 hasta el 2022 se han
dado variaciones todos los años» (Mayté Ciriaco, 2022). Así mismo, se decretan
y amplían decretos-ley al interés de la clase dominante (véase el referéndum
constitucional del 2018 que beneficia al fortalecimiento del orden
jurídico-democrático burgués, la Ley Chlimper 27360 que beneficia a los
terratenientes capitalistas, Ley de Competitividad Laboral que beneficia a la
gran burguesía, etc.). El proceso de acumulación capitalista expresa la pugna
entre las fracciones de la gran burguesía (la burocrática y la compradora) y
los terratenientes capitalistas, y dentro del gobierno pugnan por dirigir y beneficiarse
del proceso de Reestructuración Estatal en marcha.
Este proceso de acumulación capitalista
en el Perú, que tiene la injerencia de los estados imperialistas en la
producción capitalista de nuestro país, tiene su eje neural en el dominio
privado sobre los recursos naturales. Veamos el desarrollo histórico económico
de este dominio capitalista, para ello dejemos hablar al geógrafo Henderson
Ivan Lopez Guiop[4]:
«En el siguiente gráfico se puede observar la evolución de las concesiones mineras desde inicios de la década del 90 del siglo pasado hasta la actualidad, siendo ésta una variable clave para comprender la dinámica de la actividad minera a nivel nacional.»
«Para empezar se observa, que
tenemos dos grandes momentos de expansión de las concesiones mineras; el primero
data en la década de los años 1990, específicamente en el año de 1991, donde se
observa que los registros de concesiones mineras eran mínimas, con un
porcentaje de 1.77% (2´258,000 hectáreas), posteriormente se observa un
crecimiento notorio en los derechos otorgados para la actividad minera que van
desde 1.86% hasta 12.31% en los años de 1993 y 1999 respectivamente, este
crecimiento fue de 10.45% en 6 años que equivalen a 13´296,436 hectáreas; luego
pasa por un debacle que dura hasta el año 2002, como consecuencia de un
contexto internacional desfavorable que provocó la caída de las cotizaciones de
los metales y el recorte del financiamiento, sobre todo para actividades de
exploración.»
«Después del contexto donde hubo una
disminución de concesiones mineras en un periodo de 3 años (1999 y 2002),
entramos a un segundo momento de expansión, que data los periodos del 2003
hasta 2013, donde en este último año alcanzó el pico máximo de crecimiento del
área total de concesiones mineras, con un porcentaje del 21.13% (19 241 911.8
hectáreas) de la superficie continental del Perú, cerrando así un segundo
periodo de 11 años de crecimiento sostenido, iniciado en el año 2003.»
«Actualmente (a junio, 2021) el
porcentaje es de 14.71% (18´957,980.00) de los cuales, el 69.02% son
concesiones mineras tituladas, el 30.36% en trámite y el 0.62% corresponden a
canteras afectadas al Estado y plantas de beneficio.»
Estas clases dominantes, ligadas al
imperialismo norteamericano, chino, inglés, etc. se encuentran, ahora, en un
periodo de destrabe de proyectos
mineros. El sistema jurídico vigente, que les permitió acumular en derecho real sus concesiones, ahora, ya
les es una traba, dado el rápido proceso de producción capitalista. Pretenden
acelerar los procesos de concesiones, los procesos de exploración y
explotación, por lo que pretenden saltar las trabas burocráticas a zarpazos
para apropiarse, sin más, en desmedro de la nación y el pueblo peruano, de las
materias primas estratégicas de nuestro país; pretenden eliminar todo tipo de
impuestos para el libre saqueo de nuestra nación. Esta realidad económica es la
que ha expresado los mayores conflictos sociales de nuestro país en los últimos
30 años. El eje de la propiedad semifeudal sobre la tierra de antaño, hoy se ha
transformado, tras un proceso complejo de acumulación capitalista, en el eje de
la propiedad capitalista sobre los recursos naturales del subsuelo. Véase las
cifras de la defensoría del pueblo sobre los conflictos medioambientales y se
entenderá qué realidad económica expresan las luchas políticas de las últimas
décadas en nuestro país.
CRÍTICA A LA TÁCTICA DEL SOCIALPACIFISMO DE DERECHA: «LA ASAMBLEA POPULAR CONSTITUYENTE»
Un cúmulo de
agrupaciones políticas vienen manifestando abiertamente sus posiciones sobre el
momento político actual. Ese es el aspecto positivo de la crisis política: en
momentos de crisis las organizaciones políticas deslindan y lindan nítidamente sus
campos. De todas las posiciones políticas socialistas se manifiesta, sobre la
situación actual, dos tácticas: la táctica socialpacifista y la táctica
revolucionaria; la primera, es el ala derecha del movimiento socialista y, la
segunda, su ala izquierda en el actual escenario político. La primera sostiene,
ahora, como táctica principal, la Asamblea Popular Constituyente (APC) para declarar derechos y la segunda, por la
situación económica y política actual, sostiene la táctica de unir al pueblo
contra el sistema capitalista mediante la lucha por la propiedad social sobre
los recursos naturales y por el poder, como ejercicio
de los derechos fundamentales del pueblo.
En qué términos
los «socialistas domesticados» por la burguesía, como los denomina Mariátegui, sostienen
su táctica. Aquí lo exponemos:
«Pedimos la
creación de un organismo avalado e implementado por la OEA (¿?), y propicie las
condiciones para en un plazo inmediato se convoque a nuevas elecciones
generales, para evitar mayores confrontaciones sociales y políticas.» «¡Por Nuevas
Elecciones y Asamblea Constituyente! (¡!)» «Por el restablecimiento del equilibrio de poderes y nuevas elecciones».
(COMITÉ EJECUTIVO NACIONAL. JUNTOS POR El PERÚ, 07 de diciembre). «Luchar por
una Nueva Constitución para Nueva República», «proponemos la convocatoria
inmediata a elecciones generales y la organización de un referéndum para
convocar a una Asamblea Constituyente.» «¡Qué se vayan todos! Nuevas elecciones
con referéndum constitucional.» (PC-Patria Roja. Buró Político del Comité
Central, 07 de diciembre del 2022). «Presidenta Boluarte convoque a nuevas
elecciones para un Congreso Constituyente, devuélvale al pueblo su derecho al
referéndum o restituya la Constitución del 79 convocando a una Asamblea
Constituyente» (Vladimir Cerrón. Perú Libre. 09 de diciembre). «Nueva
Constitución con y para el pueblo mediante Asamblea Constituyente» (MOVADEF). «Apuntar
la flecha en una dirección, centrar en lo principal: centrar únicamente, porque
lo demás es «disparar en cuatro en dirección», en APC» (Grupo Pólemos) y un
largo etcétera.
Cada uno de
estos planteamientos tiene sus propias argumentaciones, pero coinciden, quieran
o no, en el fondo: realizar una Asamblea Constituyente, como táctica principal,
para una Nueva Constitución con la vigencia del régimen capitalista de
producción. Los más sofisticados sesudos del socialpacifismo –socialistas de
palabra y pacifistas burgueses de hecho que niegan la crisis del sistema de
orden vigente- sostienen que esta lucha es el «camino independiente» del proletariado, es su «táctica-proceso» para elevar la consciencia de clase, sostienen que
es la «lucha política» por
excelencia. Veamos si esto es cierto. Es evidente (para quien se atreve a ver
la realidad objetivamente) que la Asamblea Popular Constituyente, ahora, no es una táctica independiente de la
clase proletaria, ni es la táctica que está dirigiendo el proletariado. Veamos,
pues, todas las organizaciones del socialpacifismo, del «reformismo mediocre», del
socialismo domesticado, de burgueses y pequeñoburgueses, etc. que la sostiene y
dirige actualmente. La tesis de táctica-proceso,
es decir, que esta lucha es un eslabón, un «medio único» del camino
revolucionario es falsa: la APC es una ilusión de la pequeña burguesía que
servirá a la dictadura de los grandes burgueses y los terratenientes
capitalistas para fortalecer, para reformar el sistema de Estado vigente; es
más ilusorio cuando se plantea como lo único, como lo principal y se olvida
toda necesidad de crítica y acción inmediata, ahora, contra el poder, contra el
régimen de propiedad vigente. Y tienen razón al sostener que «esta lucha sí es
una lucha política», pero no dicen que es una política que sirve, por las
condiciones históricas, por el nivel de organización de la clase proletaria y
el pueblo, a la «vía popular» de la reestructuración del Estado burgués en
marcha.
El problema de esta táctica política es que no comprende, ni toma en cuenta el proceso concreto de las condiciones histórico-político actuales: el proceso de reestructuración burguesa del Estado, derivado de la crisis generalizada de la sociedad capitalista semicolonial. Niegan abiertamente la situación revolucionaria que atraviesa la sociedad peruana, niegan el objetivo principal de crear las condiciones para la conquista del poder. Para esos señores que se maquillan de marxistas la revolución no se organiza, por el contrario, para ellos la revolución se espera. Soslayan la tesis de que absolutamente toda lucha política es necesariamente lucha por el poder contra el poder. No toman en cuenta la experiencia constituyente, su fracaso, en la lucha de clases de Chile 2019-2022. No entienden que, para constituir, inclusive para participar de manera socialista en el parlamento, hay que tener la fuerza de constituir[5] y la capacidad orgánica de combatir. Es así como, conscientes o no, el socialismo domesticado, al fin de cuentas, sirve (¡otra vez!) a la «vía popular» de la reestructuración burguesa del Estado capitalista.
«Una nueva constitución erigida en los límites del sistema de Estado burgués a lo más llega a ser democrático-burgués; no pasa de ser una constitución capitalista. No tiene sentido histórico y políticamente, bajo condiciones concretas de la organización y desarrollo del proletariado, solo tiene sentido para agitar, desarrollar y agudizar la lucha de clases. La Convención, la Asamblea Constituyente, la Asamblea Popular Constituyente son organismos legales, regidos bajo los límites de la sociedad burguesa. Estos límites no son puramente legales, sino materiales, son límites que encarnan intereses reales de las clases sociales dominantes. La norma legal no tiene sino a la fuerza reaccionaria del sistema del Estado al pendiente de su interpretación y su cumplimiento. Esta fuerza reaccionaria está por encima de la vida y su única ley superior es garantizar la vigencia del dominio del capital contra la fuerza de trabajo en cualquier forma de gobierno. Todo esto no puede ser consecuentemente confrontado y superado sin la fuerza orgánica de la clase proletaria a la cabeza de la lucha popular y desplegada correctamente en un proceso de lucha determinado[6]». «E incluso si se promulgara una buena constitución, ésta sería inevitablemente obstaculizada por las fuerzas recalcitrantes y, en consecuencia, sería imposible ponerla en práctica [democráticamente][7]».
Con
esto nos debe quedar claro dos cosas:
1)
En nuestro país el problema no es plantear el objetivo correcto de una NUEVA
CONSTITUCIÓN, pues, no estamos de acuerdo con la CONSTITUCIÓN FUJIMORISTA DE
1993, sin embargo, se convierte en una TÁCTICA SOCIALPACIFISTA DE DERECHA
cuando se plantea la táctica de ASAMBLEA POPULAR CONSTITUYENTE, y un sinfín de
adjetivos, para alcanzar este objetivo sin cambiar en absoluto las relaciones
de poder vigentes, sin cambiar las relaciones de producción actuales, ni el
carácter del Estado, en una palabra, «sin cambiar nada declarar algo como nuevo»
y es así como se pretende crear ilusiones constitucionales en el pueblo
peruano.
2)
El objetivo de Nueva Constitución, en nuestro país, será real y efectiva, será
verdaderamente popular, cuando es el producto de la conquista del poder por los
trabajadores, obreros y campesinos, en tanto resultado de la transformación del
régimen de producción capitalista vigente. Se podría realizar una «Nueva
Constitución» (la 14 ava Constitución Política del Perú) sin cambiar –en lo más
mínimo- el régimen de propiedad capitalista, de hecho, y es la tendencia
política actual, pero este proceso servirá, en última instancia, a la I Reestructuración del Estado en el siglo
XXI. Recordaremos esta determinación política mañana, que no es una
premonición, sino lo que expresa la ley de la lucha de clases en la sociedad
peruana.
Cuando
el socialpaficismo llamó abiertamente a votar por Pedro Castillo dijeron que
era para «conquistar mejores condiciones para el pueblo», era un «medio»
político para avanzar en la conquista de derechos populares, sin embargo, lo
que consiguieron es que el REFORMISMO MEDIOCRE, VULGAR se constituya en el
gobierno, consiguieron que un «bombero», que se ha amilanado por los intereses
de los grupos de poder económico, apague el desarrollo agudizado de la lucha de
clases en beneficio real del pueblo. Ahora, nuevamente repiten el mismo
argumento para defender la táctica socialpacifista de derecha: la «Asamblea
Popular Constituyente» o la «Nueva Constitución con y para el pueblo» sin la
realización de la crítica efectiva del poder político vigente. Es el deber de
la clase proletaria ir contracorriente, forjar su consciencia y moral
inquebrantable, en este periodo de dispersión orgánica y política, para ello es
necesario que participe en medio de la lucha de clases, elevar acciones de
lucha directa, aperturar luchas de ideas, de posiciones, de tácticas entre la
masa movilizada en cada rincón del país.
La
gran burguesía y los terratenientes capitalistas en nuestro país están
cambiando ya el sistema jurídico vigente (véase las modificaciones de la CPP,
las reformas electorales, las reformas del Poder Judicial, los nuevos decretos
legislativos, etc.), véase las manifestaciones abiertas de los representantes
políticos de la burguesía, quienes sostienen que «hay necesidad de
reestructurar el gobierno, hay necesidad de modificar las normas electorales,
de aprobar la bicameralidad del parlamento», etc. Esta necesidad burguesa tiene
lugar en su base económica, ya explicada anteriormente, para acelerar el
proceso de acumulación capitalista contra la fuerza de trabajo, tiene lugar en
la superestructura política para fortalecer el Estado burgués y su democracia
representativa.
En
última instancia, el socialpacifismo, obtusa en su análisis pequeñoburgués,
pretende dotarle de condiciones legislativas y políticas al enemigo, para que
las aproveche plenamente. La APC será copada, incluso por los burgueses que se le
oponen actualmente (quienes se oponen porque desean ser los directos
beneficiados de la reforma del Estado burgués), por las organizaciones más
fuertes de la burguesía, los terratenientes capitalistas, la pequeña burguesía,
etc., estará limitada por la fuerza militar de la burguesía, estará limitada
con el «hierro legal» de la defensa de la propiedad privada, de las concesiones
mineras, de los tratados de libre comercio, etc. Sin fuerza orgánica, ni
política, sin proletariado a la cabeza de la lucha social, esta táctica del socialpacifismo
será la bancarrota política de la mismo socialpacifismo.
Finalmente,
la táctica revolucionaria de los socialistas consiste en unir al pueblo en la
lucha por recuperar, conquistar, ejercer el derecho a la propiedad social sobre
las arterias vitales de la economía peruana: la propiedad de los recursos
naturales (que le sirve como capital constante a la gran burguesía para su
proceso de acumulación capitalista) y en este proceso desarrollar la lucha de
clases, su consciencia y, sobre todo, la organización de vanguardia del
proletariado en dirección del pueblo para ejercer el derecho fundamental al
poder. El pueblo sí debe luchar y en medio de la lucha educarse con la táctica
política correcta. No actuar guiados por la primera impresión, por el puro
sentimiento; debe despertar su consciencia crítica, debe arrojar al basurero
todos los engaños, engatusamientos de los burgueses que por décadas ha usado
para explotar más y más al pueblo. El pueblo peruano, con la clase proletaria a
la cabeza, debe crear las condiciones para la conquista del poder (organización
e ideología), es decir, convertir conscientemente la situación revolucionaria vigente en revolución.
LOS PROBLEMAS POLÍTICOS LATENTES
El pueblo se desarrolla en medio de
la lucha de clases como el pensamiento se desarrolla en la práctica. El pueblo
peruano es la que está escribiendo la historia de nuestro país, las letras que
escriba en ella depende de la clase social que la dirige en determinados
contextos concretos. El pueblo peruano aclama cambios reales, lucha con la
esperanza de resolver la miseria que atraviesa día a día. Otorga su vida con la
esperanza de encontrar el cambio de la miseria al que le sucumbe esta sociedad
capitalista: obreros sin trabajo, con sueldos miserables, con más de 10 horas
de trabajo, pequeñoburgueses endeudados, pequeños empresarios que han
fracasado, campesinos sin capital productivo, sin agua, sin tierras, sin
tecnología, etc. Estos hechos políticos son una realidad. En una palabra: el
pueblo ya no quiere ni puede vivir como lo ha estado haciendo hasta ahora.
Es en ese sentido histórico que es razonable
que el pueblo, hoy (como en Andahuaylas, Cusco, Puno, etc.), se esté declarando
en insurgencia, en huelga general, en acciones dispersas contra el Congreso,
contra el actual Gobierno, contra los Grupos de Poder, contra el saqueo de los
recursos naturales, etc. Es la expresión de su consciencia embrionaria por la
necesidad de un cambio. Nuestro deber es apoyar completa y plenamente al pueblo
que lucha, es menester, en medio de la lucha, educarnos y educar.
En momentos de crisis cuando la
vanguardia proletaria no está organizada ni dirige un periodo agudo de la lucha
de clases, las organizaciones que centralizan el espíritu de cambio es la pequeña
burguesía y la burguesía nacional. Y si paradójicamente nuestra táctica
coincide con la de ellos, es necesario reevaluarlos concienzudamente. Estos
sectores sociales llevan al pueblo, por su carácter de clase inconsecuente, a
la cola de una determinada fracción de la gran burguesía y los terratenientes
capitalistas. Así se explica el resultado, en beneficio de una u otra fracción
de la burguesía, en los últimos periodos de la lucha de clases en nuestro país.
Sobre las nuevas elecciones generales
La servil posición de «que se vayan
todos» sostenida por Juntos por el Perú, Patria Roja y toda la recua de
socialpacifistas y burgueses asolapados, así mismo, la posición de «nuevas
elecciones con intervención de la OEA», es decir, con la intervención del
imperialismo norteamericano, planteada por Verónica Mendoza, es una posición
que el pueblo no debe pescar. El pueblo peruano no gana nada con las nuevas
elecciones de la democracia representativa burguesa, por el contrario, es usado
para los intereses de sus verdugos, por lo que el pueblo peruano debe rechazar
esta demagogia electorera. Verónica Mendoza, como otros, plantean esta bandera
porque buscan aumentar su poder burocrático en el gobierno: en el parlamento,
en los ministerios, en las consultorías, etc.
Estos sectores políticos, y otras
organizaciones guiados por el reformismo mediocre, plantean estas posiciones
inmediatas para usar al pueblo como «furgón de cola» para que, como los
socialpacifistas, ingresen al sistema de gobierno, para servir al reacomodo de
las fuerzas burguesas al interior del sistema de gobierno. El problema de
algunos de ellos, los más abiertamente derechistas, es que anhelan gobernar
junto a los grandes burgueses y terratenientes capitalistas. Mientras ahora no
copen escaños en el parlamento, en el gobierno central y en el parlamento, bregarán
por movilizar a las masas populares haciéndole creer que las nuevas elecciones
van a cambiar el rumbo de la historia del país; se debe conocer que estas
organizaciones por su posición y carácter de clase, en tanto se conviertan en
burócratas burgueses, se coludirán con la gran burguesía para oponerse al
desarrollo de la lucha de clases.
Antauro Humala es una mansa oveja
El «etnocacerismo» de Antauro Humala
es la expresión más vulgar del espíritu demagogo de la burguesía. Sus
posiciones son antihistóricas, anticientíficas, plagadas de un radicalismo
verbal y de un pacifismo político. Es un contrarrevolucionario. Es un cordero
vestido de lobo: el pueblo ya lo ha desenmascarado. Su finalidad política
inevitable, si es capaz de copar el gobierno, es servir a la gran burguesía y
va contraatacar a los socialistas y atacar todo índice de transformación real
de la sociedad peruana. Las «11 tesis del etnocacerismo» no expresa más que
frases huecas, radicaloides, un «nacionalismo» sin base ni intención de
transformar a fondo la realidad vigente. El pueblo debe combatir el «nacionalismo
racista» y demagogo del «etnocacerismo».
Pedro Castillo un pequeño burgués reaccionario
Los sujetos más que por que sus
extracciones de clase se definen, en última instancia, por su posición de clase. Pedro Castillo no es
de ninguna manera, como algunos snobistas
de izquierda pretenden presentarlo, un falso Salvador Allende, ni su
análogo. Ha sido un servil de los intereses de la burguesía, un asolapado
reaccionario, que no ha llevado adelante ni siquiera sus propias banderas de
lucha. Salvador Allende ha sido un «consecuente» reformista; Pedro Castillo ha
encarnado el reformismo mediocre, vulgar. Estos hechos políticos, queramos
o no, expresan su posición de clase de este pequeño propietario. Ha pretendido
buscar la conciliación de las clases
dominantes, quiso ser amigo de todos, y se convirtió, dando la espalda al
pueblo que ha confiado en él el sentido de cambio social, en un político desechado de la burguesía.
El pueblo debe confiar en sus
fuerzas, en su capacidad histórica, debe encarnar el optimismo histórico; no debe fundir su moral, su vida, su objetivo
político en un individuo que no ha
fundido su vida en los intereses del pueblo. Pedro Castillo no es, en lo más
mínimo, la expresión de este pueblo que aclama cambios con sus acciones. El
pueblo pone su vida para luchar por el cambio, sus representantes burgueses en
el gobierno en repartirse los cargos burocráticos del sistema de gobierno.
Dina Boluarte. Su espaldarazo burgués
He aquí como se manifiesta Keiko Fujimori con la designación de Dina
Boluarte como presidenta de la República:
«Saludo la juramentación de Dina
Boluarte como primera Presidenta del Perú. Deseo que su gestión se cumpla en respeto a la institucionalidad
democrática, la separación de poderes y por el desarrollo de nuestro país. Para ello podrá contar con el apoyo y respaldo
de Fuerza Popular. Expreso mi gratitud y reconocimiento a las Fuerzas
Armadas y Policía Nacional por el rol fundamental para salvaguardar la
democracia y el orden constitucional. No es momento de ideologías, ni de
derechas o izquierdas. Presidenta Boluarte, le deseamos éxitos en la
conformación de un gobierno de unidad nacional.» (Keiko Fujimori, 07 de agosto)
Una fracción de la
burguesía, la burocrática, le ha dado el espaldarazo con un programa político:
defender la institucionalidad, llevar adelante el «gobierno de unidad nacional»
que es, en realidad, un gobierno de la colusión interburguesa y, en lo
económico, tiene por objetivo destrabar los proyectos mineros en la cartera
ministerial y garantizar el orden constitucional mediante la fuerza militar
contra el pueblo. Mientras más se tienda Boluarte a los intereses de la gran
burguesía más tiempo durará en el sistema de gobierno. Lo mismo con la otra
fracción de la burguesía espera atenta la designación de nuevos escaños
ministeriales, legislaciones para negociaciones internacionales, para la
importación y exportación burguesa de capitales. En tanto no realice estos
propósitos será la próxima desechada política de la burguesía.
Qué hacer
El problema político tiene que
resolverse en su base económica. Combatir a los grandes burgueses y los
terratenientes capitalistas copados en el gobierno, combatir el imperialismo
organizado militarmente mediante la CIA, la DEA, etc. en nuestro país, mediante
sus capitales en la explotación de la fuerza de trabajo, de los recursos
naturales para saquear la sociedad peruana, combatir a todos los reaccionarios
del sistema de Estado, etc. es, al fin y al cabo, combatir su propiedad privada,
su riqueza, sus intereses económicos. Avanzar en la lucha contra los grandes millonarios
megaproyectos mineros en marcha (Quelleveco, Mina Justa, Toromocho, el proyecto
canadiense de Litio en Puno, etc.); entender que los intereses económicos de la
nación peruana se oponen políticamente a los intereses del imperialismo y su
gran burguesía. Luchar no solo en la superestructura económica, luchar para
remover la estructura económica vigente. Esto será un avance para la lucha
social por una nueva sociedad.
Esto es la razón y la justificación por la que el pueblo peruano debe desarrollar ampliamente la lucha por recuperar, conquistar y ejercer el derecho a la propiedad social sobre las arterias vitales de la economía peruana: los recursos naturales estratégicos. Es la razón por las que debe declarar nula todas las concesiones mineras que superan los 14 millones de hectáreas de territorio nacional. Luchar para cambiar las relaciones de propiedad vigentes sobre el eje de la económica peruana: la propiedad sobre los recursos naturales. Esta lucha es parte de los derechos fundamentales y es una lucha política. En este proceso de lucha, el pueblo debe rechazar las ilusiones constitucionales, debe afirmar la bandera independiente de las clases oprimidas, debe rechazar la democracia burguesa y organizarse, en medio de la lucha de clases, en función de crear las condiciones de la conquista del poder.
[1]
V. I. Lenin (1915), La bancarrota de la
II Internacional. Ed. Akal.
[2] Véase: V. I. Lenin (1915), El socialismo y la guerra.
Ed. Pekin.https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1915sogu.htm
[3] Al respecto, el crítico burgués del secreto de los capitales financieros, Alex Cobham (director técnico de la Fair Tax Mark), sostiene que «a nivel mundial, estamos empezado a frenar el secreto financiero que utilizan los oligarcas rusos y los evasores fiscales, así como los políticos corruptos y la delincuencia organizada de todo el mundo para ocultar y blanquear la riqueza adquirida de forma ilícita. Sin embargo, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia y Japón reducen esos avances mundiales a más de la mitad al incitar el secreto financiero en lugar de combatirlo [dado que ellos también proceden de la misma forma]. El G7 [grupo económico político imperialista conformado por: Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos] debe aclarar cuál es su posición en la lucha contra el secreto financiero comprometiéndose a un registro mundial de activos». (mayo, 2022) Véase: Estados Unidos encabeza lista de lista de secreto financiero global. (17 de mayo, 2022) https://www.latindadd.org/2022/05/17/estados-unidos-encabeza-lista-de-lista-de-secreto-financiero-global/
[4]
Lopez Guiop, Henderson Ivan
(2021), Reporte de evolución de
concesiones mineras.
[5]
V. I. Lenin (1976), Obras Completas, T. IX. Ed. Akal. p. 28.
[6] Véase: Actitud marxista ante los resultados del Plebiscito Constitucional de Chile. Crítica al aborto constitucional. Tercer Milenio Socialista. Octubre, 2022. https://tercermileniosocialista.blogspot.com/2022/11/actitud-marxista-ante-los-resultados.html
[7] Véase: Mao Tse-tung (1940), El régimen constitucional de Nueva Democrático. Ed. Pekín. https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/NDCG40s.html





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