ACTITUD MARXISTA ANTE LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO CONSTITUCIONAL DE CHILE Crítica al «aborto constitucional»

ACTITUD MARXISTA ANTE LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO CONSTITUCIONAL DE CHILE

Crítica al «aborto constitucional»

(octubre, 2022)


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Muchas veces, al ejercer la crítica sobre problemas políticos concretos, se toman incorrectamente como el punto más importante del análisis los asuntos más polémicos. Por ejemplo, en Chile un amplio sector político se ufana académicamente en discutir los conceptos jurídicos y en buscar las contradicciones internas de la propuesta de nueva constitución desde la misma propuesta legislativa, sin embargo, así no encuentran los problemas reales, por ende, no comprenden el proceso real del problema. La crítica desde el «sentido común», muchas veces, se opaca en el ropaje con que se envuelve todo problema político. Resolver la apariencia de un problema arremetiendo contra las condiciones concretas que le dan origen. Esa es la tarea. Por esta razón el objetivo de la crítica política, como el que presentamos, pugna por desentrañar y arremeter el núcleo del problema, su causa fundamental.  

La causa fundamental del problema expresado en el resultado del Plebiscito Constitucional de Chile el 04 de septiembre del 2022 no es, de inicio, la forma burguesa y, en efecto, reaccionaria de la propuesta de Nueva Constitución que han elaborado los «constituyentes» de la Convención, por el contrario, esta propuesta burguesa tiene lugar debido a la carencia de dirección política e ideológica del proletariado en la lucha de clases en Chile. Este problema ha dado lugar a que la misma Convención Constitucional de Chile adopte un contenido político burgués: porque es el resultado del pacto burocrático contra la creciente protesta del movimiento social chileno, por su carácter burgués de conformación, por las limitaciones burguesas con las que ha empezado y por la actitud política de los partidos políticos en el denominado «proceso constituyente».

Una nueva constitución erigida en los límites del sistema de Estado burgués a lo más llega a ser democrático-burgués; no pasa de ser una constitución capitalista. No tiene sentido histórico y políticamente solo tiene sentido para agitar, desarrollar y agudizar la lucha de clases bajo condiciones concretas. La Convención, la Asamblea Constituyente, la Asamblea Popular Constituyente son organismos legales, regidos bajo los límites de la sociedad burguesa. Estos límites no son puramente legales, sino materiales, son límites que encarnan intereses reales de las clases sociales dominantes. La norma legal no tiene sino a la fuerza reaccionaria del sistema del Estado al pendiente de su interpretación y su cumplimiento. Esta fuerza reaccionaria está por encima de la vida y su única ley superior es garantizar la vigencia del dominio del capital contra la fuerza de trabajo en cualquier forma de gobierno. Todo esto no puede ser consecuentemente confrontado y superado sin la fuerza orgánica de la clase proletaria a la cabeza de la lucha popular y desplegada correctamente en un proceso de lucha determinado.

El PARTIDO COMUNISTA REVOLUCIONARIO DE CHILE[1] (PCR-C) refiere correctamente lo siguiente:

«Desde la UDI hasta el Partido Socialista, incluyendo al Frente Amplio, dirigido por Boric cocinaron a puerta cerrada el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” con la finalidad de encauzar la protesta popular hacia la vía institucional, apagar el incendio y asegurarse que nada se salga del régimen Democrático Burgués (…)»

El movimiento social de Chile del 18 de octubre del 2019 expresaba las condiciones materiales para convertir la protesta popular en insurrección popular capaz de constituir realmente al pueblo no solo en legislador, sino en director del poder político en Chile. Más de 3 500 000 (3 millones 500 mil) pobladores movilizados en toda la protesta social. El 25 de octubre solo en Santiago de Chile se han movilizado más de 1 200 000 personas, denominada así «la marcha más grande de todas». La policía política de Chile no encontraba explicaciones ni estrategias inmediatas contra la protesta popular masificada en toda la región chilena, ni la Dirección de Inteligencia de Carabineros (Dipolcar), ni la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), ni la Policía de Investigaciones (PDI) procedían con toda certeza de lo que se estaban enfrentando, su fuerza solo era la fuerza represiva de la burguesía. No comprendían que la causa material de la lucha expresaba el nivel de desigualdad en materia de ingresos que, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2019), el 2017 el 50 % de los hogares menos favorecidos accedió solo al 2,1 % de la riqueza neta del país, el 10 % más rico concentró el 66,5 % del total, mientras que el 1 % más adinerado obtuvo el 26,5 % de la riqueza; que, para el 2019, el 50 % de los trabajadores chilenos ganaba menos de $400.000, y prácticamente 7 de cada 10, menos de $550.000 líquidos; ni les pasaba por la cabeza que 1,1 millones de asalariados no poseen contrato de trabajo, y el 80 % gana menos de $412.000; eso no es todo, en Chile se registraban más de 770.000 subempleados, de este total el 50 % ganaba menos de $150.000; y, así mismo, la VIII Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) del 2018 señala que más del 70 % de los hogares está endeudado, lo que quiere decir que sus gastos mensuales superan a sus ingresos mensuales, etc. Considérese que tal situación del 2019 se ha agudizado con la crisis sanitaria mundial. No obstante, con la finalidad de encausar la protesta popular hacia la vía institucional los partidos burgueses y toda la cúpula socialdemócrata oficial (Partido Socialista de Chile, Partido Comunista de Chile, la UDI y el Frente Amplio y cía.) han arriado banderas contra la consecución insurreccional de la protesta popular, negaron dirección de clase proletaria al movimiento social, defendieron así –por su reformismo y desviación derechista- el régimen burgués de explotación. Han colaborado, si bien con algunas críticas y abstenciones enclenques, con la fracción burguesa del gobierno de Piñera contra el desarrollo de la lucha de clases en Chile.

Continúa y dice el PCR-C: 

«Los mismos de siempre eligieron una Comisión Técnica para redactar las reglas del juego, ley 21.200 que establece el procedimiento para elaborar la Nueva Constitución, metiendo de contrabando el artículo 135 con disposiciones especiales para impedir el cambio del sistema.»

Veamos qué dice el Informe de la Comisión Técnica del Gobierno de Chile, destinada a delinear los detalles del acuerdo y del proceso plebiscitario posterior:

“El texto de Nueva Constitución que se someta a plebiscito deberá respetar el carácter de República del Estado de Chile, su régimen democrático, las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas y los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes”. 

Desde este lineamiento o, mejor dicho, limitación de la Comisión Técnica se colige que la Convención Constituyente no tuvo nada fundamental que constituir, sino frases huecas, derechos sin contenido, reconocimientos sin fuerza, etc., «se ocuparon de nimias definiciones teóricas, de vacuas formalidades y cuestiones de etiqueta constitucional[2]» enmarañado de discursos identitarios (paridad de género, feminismo burgués, etc.) propios de la pequeña burguesía y la burguesía. En otras palabras, desde ese momento la intención de una nueva constitución ha sido un fracaso porque su contenido político, sus lineamientos y su conformación ya estaban delineados hacia la defensa de todo el orden burgués.

«Al conformarse la Convención Constitucional se aceptó las disposiciones del artículo 135, que sentencia la inviolabilidad de los tratados internacionales de comercio, esta condición le puso la lápida a la nacionalización del cobre, una de las banderas históricas de la izquierda, y a la recuperación por parte del estado de los fondos de pensiones en las que invierten grupos económicos extranjeros, los más beneficiados por los tratados de libre comercio.» (PCR-C)

¡Exactamente! ¿Pero, por qué se da esto? ¿Por qué el «proceso constituyente» no ha constituido absolutamente nada? Porque se pretendió constituir una Nueva Constitución sin constituir el poder del pueblo mediante la insurrección popular. «Para “constituir” hay que tener la fuerza de constituir»[3], pues no basta la voluntad, la emoción sin fuerza. Para constituir verdaderamente fuerza legisladora y política es necesario que la clase obrera dirija el arma de nuestra fuerza social mediante la fuerza del arma. Sin esto, en efecto, la Convención Constitucional de Chile no ha obtenido sino un «aborto constitucional»[4]. ¡Esto debe ser un camino, pero un camino a no seguir!

Lo que se ha constituido en la Convención Constituyente de Chile son ideólogos o, mejor, charlatanes de la pequeña burguesía y técnicos de la gran burguesía, muchos de ellos presentados hipócritamente como «independientes». Estos señores «sólo de palabra quisieron una asamblea constituyente popular, pero en realidad lo que desearon es una asamblea antipopular, no para constituir algo nuevo, sino para remendar lo viejo, no para darles una nueva vestimenta, una nueva vida, nuevas armas para una nueva y grandiosa lucha [a los obreros y campesinos], sino solamente lentejuelas para sus viejos harapos, solamente espejismos y desengaños, juguetes en vez de armas, cadenas en vez de fusiles»[5]. La pequeña burguesía, por experiencia histórica, no puede ni debe ser la fuerza de dirección, dado que la inconsecuencia de su práctica, más que por su inconsistencia de lucidez teórica, reflejan las limitaciones y vacilaciones de su clase. La pequeña burguesía no sintetiza los problemas de todas las clases, en cambio, la clase proletaria es capaz de ello y la única capaz de haber llevado consecuentemente toda acción de transformación, incluido las reformas democráticas. No obstante, la clase obrera ni su ideología estaban a la cabeza de la lucha de Chile. ¡Esto es el problema de fondo!

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Lo que para algunos críticos es principalmente un problema de claridad teórica de los «constituyentes», para los verdaderos revolucionarios es un problema de la lucha de clases: el problema es no haber llevado a su límite la consecuencia revolucionaria del movimiento social de octubre del 2019 en Chile. Creyeron erróneamente que podrían constituir solo con movimiento social disperso el poder del pueblo en una Convención atada al statu quo vigente. No comprenden que incluso la participación de los socialistas en el parlamento sin movimiento social orgánico activo y sin estar dirigidos por una vanguardia deviene en que estos socialistas se conviertan en unos charlatanes legalistas, burócratas con buenas intenciones.

Mientras Piñera declaraba la guerra a la protesta popular, la protesta popular seguía siendo protesta:

Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada, ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite (…) (Sebastián Piñera, expresidente de Chile, 2019).

Las clases sociales movilizadas no tenían a la clase de vanguardia ni a la organización de vanguardia a la cabeza. En vez de conformarse una vía revolucionaria de solución, se priorizó una vía institucional para oponerse al desarrollo de la protesta popular. Las barricadas no pasaron de ser acciones inorgánicas, sin dirección política; las acciones más fuertes estaban copadas por anarquistas y por el lumpenproletariado, sobre todo en Santiago.  Los saqueos no pasaron de ser acciones sin objetivos de intensificar la lucha, el uso de la fuerza no fue especializada, sino de espontánea reacción a la represión brutal de los carabineros. La concepción de que no se podía combatir las armas del gobierno sin el gobierno popular de las armas no maduraba. Los carabineros tuvieron a su disposición las llamadas «armas menos letales» y, por supuesto, las letales que los usaban brutalmente, a toda disposición libre, contra el pueblo en las diferentes comunas de Chile: en la Renca, Cerro Navia, Peñalolén, Pedro Aguirre, en la Estación Central, Huechuraba, en La Granja, Quilicura, San Bernardo, La Pintana y Puente Alto, etc. Inclusive los usaban contra los mismos defensores de los derechos humanos (INDH). ¿Y el llamado «Partido Comunista de Chile» y otros, agrupados en el Frente Amplio y cía.? Encauzando la protesta popular hacia la vía institucional, en otras palabras, actuaron como lacayos diplomados de la burguesía.   

Vale decir que Chile es en la fisonomía de su movimiento comunista vigente lo que fue Alemania en la II Internacional Comunista. Un fracaso. En Chile podemos ver, como en Alemania de la II Internacional, un gran movimiento de masas, pero guiados por el revisionismo y el reformismo vulgar. El problema no solo es el movimiento real de masas, sino se expresa también en la representación académica-intelectual del mismo: se reducen a maniobras conceptuales, reducen el problema de Chile a problemas de intersubjetividad. Se empeñan en decir que «la ira y la rabia» se han encarnado en problemas políticos, no comprenden que la ira y la rabia más bien han encarnado los problemas económicos y políticos reales, se dan vueltas mentales en conceptos como «dignidad» y no tratan a fondo los problemas económicos, políticos, menos el problema del poder en Chile, etc. Este es otro problema de fondo. Los verdaderos comunistas aún no han subido a la dirección de la barca para llevarlo hacia un objetivo venturoso. Y ese es su reto: DIRIGIR, no solo el movimiento de masas sino la lucha ideológica.

En confesión de parte el llamado «Partido Comunista de Chile» el 19 de agosto, dice: «La nueva Constitución propone un camino político para la restitución y generación de derechos del pueblo mapuche, en el marco de una institucionalización del conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche.» (…) «Compartimos las justas demandas del pueblo mapuche. No hay lugar para los llamados desafiantes, no hay lugar para la violencia

En resumen, nos dicen: institucionalización del conflicto sin lugar para la violencia. ¿Esto puede sostener un Partido Comunista en medio de un proceso de lucha? ¿Institucionalización=estatización del conflicto? ¿Existe realmente un Partido Comunista sin lugar para la violencia? Definitivamente, el eclecticismo, la desviación de este calibre no puede ser cualidad de ningún Partido Comunista. Estas posiciones son tales por su concepción cosificada del Estado como una entidad, un juez mediador por encima de las clases sociales. Es la razón por la que señalan que debería institucionalizarse el conflicto, es decir, que el Estado debería mediar, administrar los conflictos (como si no lo hiciera en beneficio de una minoría dominante), no con la violencia sino –no lo dicen, pero lo insinúan- con amor y paz. Su rechazo a la violencia en general es un absurdo eminentemente reaccionario.

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El plebiscito constitucional de Chile obtuvo como resultado el rechazo del 62% de los votantes. Solo 8 de los 346 municipios los electores votaron a favor de la Constitución. El texto, que presentó el presidente, Gabriel Boric, el 4 de julio, se ha encontrado con la oposición de 7,8 millones de chilenos, casi el 62% de los votantes, que debían acudir obligatoriamente a las urnas. Ahora bien, la inconsecuencia de los responsables pretenden convertirlo en inconsecuencia popular. Nada más falso. El pueblo dio su vida, incluso fueron y siguen en prisión por haber luchado, cientos de ellos hasta ahora tienen perjuicios legales y de salud física. ¿Y se atreven a decir que el pueblo chileno es inconsecuente? Inconsecuentes los socialdemócratas que no se atreven verse la cara en el espejo y asumir su responsabilidad; asumir autocrítica y dar un salto a las filas del proletariado, esa es otra tarea importante.  

Los socialdemócratas, con cualquier nombre, en lo estratégico sobrevaloran al enemigo (no se puede realizar una insurrección, dicen); en lo táctico infravaloran al enemigo (creían ganarle en la Convención al enemigo movilizado militarmente en las calles). Esa la forma como proceden los revisionistas y reformistas de Chile y otros países de nuestra región. Su derrota, y no la del pueblo chileno, pretenden justificarlo por el actuar reaccionario de la burguesía. No consideran que el enemigo va a actuar como enemigo. Justamente eso es la ley de la lucha de clases, que el enemigo de clase actúe como enemigo de clase. Y la tarea del pueblo, en esta cruda realidad, es organizarse contra su enemigo de clase: la burguesía, pero organizarse no ya para hacer una multitudinaria movilización de masas o una huelga general, sino para conquistar el poder. El pueblo, dirigidos por la clase obrera, debe constituirse en el poder, ese es su porvenir histórico, y constituir desde el poder una nueva constitución a su imagen y semejanza.

Cabe preguntarnos finalmente se ha constituido el poder del pueblo en la llamada CONVENCIÓN CONSTITUYENTE o simplemente fue una frase vacía para que de contrabando se CONSTITUYA una fuerza pequeño burguesa y burguesa.   



[1] Citamos aquí al PCR-C por la correcta descripción en esta parte del problema. En su manifiesto documentario, al final, no concordamos en la conclusión política que adoptaron sobre el presente problema. No obstante, tal asunto no es lo central en el presente texto.  

[2] Marx. K. Revolución y contrarrevolución. Véase el capítulo XIII. «La Asamblea de Prusia y la Asamblea Nacional».   

[3] V. I. Lenin (1976), Obras Completas, T. IX. Ed. Akal. pág. 28

[4] Ibíd. pág. 32

[5] Ibíd. pág. 294























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