EL TERRATENIENTE BURGUÉS Y EL PROLETARIO AGRÍCOLA
EN HONOR A LA NUEVA CLASE REVOLUCIONARIA QUE HA NACIDO EN NUESTRO PERÚ: EL PROLETARIADO AGRÍCOLA
Tras el barrimiento de la servidumbre, que existía bajo la forma de pago en trabajo, y el latifundio de los grandes hacendados en las dos últimas décadas del siglo xx en el Perú, se coronó económica y jurídicamente el capitalismo como modo de producción. Hoy, el eje de la propiedad privada es la de los medios de producción capitalistas; esta forma determinada de la propiedad privada rige el modo de la producción capitalista y todas las otras actividades humanas como el comercio, la distribución, la cultura, la educación, la ética, etc., en nuestro país. Por tal motivo, la forma de producción medular en la agricultura ya no es solo predominantemente burguesa sino capitalista de cabo a rabo. En el campo, el campesino medio produce para el mercado interior y una parte para su consumo; el campesino rico es, hoy, un campesino burgués que forma parte de la cadena productiva en el ciclo capitalista de valorización de mercancías. Allí, en el campo, surge y crece el proletario rural. Pero en las ciudades, sobre todo de la costa, se desarrolla una forma peculiar de producción agraria. Y esto último es el objeto de estudio del presente texto.
Una nueva clase social propietaria surgió en nuestro país, tras la destrucción del latifundio feudal y los restos del gamonalismo, en el proceso de producción agrícola: el terrateniente burgués; con esta nueva clase vino, también, su trabajador asalariado: el proletariado agrícola. Pues, en el capitalismo la agricultura no desaparece, como no sucedió ni en Inglaterra, ni en Estados Unidos, ni en China, al contrario, adquiere -si bien lenta y gradualmente- una forma burguesa tras la descomposición del pago en trabajo del campesino al gamonal. Señalamos la especificación lenta y progresivamente porque es en la producción agraria donde la servidumbre, el vasallaje, la prestación personal del trabajo, la “explotación extraeconómica” y la dependencia personal del campesino al gamonal hacendado tuvieron más resistencia en desaparecer, en el inevitable cauce del desarrollo capitalista de las sociedades contemporáneas, que en las otras ramas de producción económica.
En el gobierno de Alberto Fujimori se acentúa la acumulación de tierras bajo la figura de concesiones como un proceso de acumulación capitalista para la agroexportación; las tierras son expropiadas en interés de propietarios extranjeros y familias acaudaladas del Perú según los planes y necesidades del imperialismo. Por ejemplo, Camposol fundada en 1995; Vitapro, como parte de Alicorp, desde 1995 y 1997 y oficializada el 2013; Viru, en 1997; Agrolatina, 1989; Beta, 1994, etc. etc. La explotación de la tierra, ahora, no es un medio para la subsistencia, sino un medio de producción de mercancías como arándanos, espárragos, uvas, mangos, palta, café; adquiere la forma como cualquier otra industria capitalista, si bien con particularidades como la lentitud de la rotación del capital en su ciclo productivo y su carácter estacionario en la cadena de valorización de sus productos.
La nueva acumulación capitalista de la tierra surgió con la más feroz explotación asalariada de cientos y miles de obreros agrícolas, que arruinados en el campo de los andes y la selva peruana, migraron a las zonas donde se asentaban las primeras ciudades de los proletarios agrícolas en Ica (Barrio Chino, La Expansión, Los Álamos, etc.) y La Libertad (Virú, Chao, etc.). En las primeras décadas vivían encerrados en las llamadas rancherías al interior de los nuevos fundos con horarios extendidos de trabajo, con maltratos y engaños. Muchos de ellos eran analfabetos, familias enteras de Huancavelica, Puno, Apurímac, Cusco, Junín, la selva, etc. Los proletarios se alimentaban y vivían, la mayor parte de su vida, al interior de su centro laboral como en los inicios de las industrias capitalistas en el mundo; su salario era ínfimo a comparación de su fuerza de trabajo empleado en la producción agraria, no obstante, era “mejor” que a la ruina al que estaba sometido en el campo. A medida que las agroindustrias crecían por la demanda internacional de sus mercancías, además por la necesidad de superar la competencia, aumentó la convocatoria de grandes cantidades de obreros agrícolas y se implementó tecnologías a la producción agraria; así se formaron ciudades enteras de proletarios agrícolas en tierras ajenas a las de su región y su familia. Es así, también, cuando las carreras universitarias como Ingeniería Agroindustrial, Forestal, Agronomía, Ambiental, etc. etc. adquieren lugar predominante en este proceso productivo.
El proletario agrícola tiene las peores condiciones laborales, con la mayor inestabilidad y con la explotación más atroz, donde ni los niños ni las mujeres se salvan. Sin embargo, su existencia y su papel en las luchas actuales en el Perú expresa históricamente el carácter progresivo del capitalismo en la agricultura. El terrateniente burgués ha nacido con su verdugo, con su futuro sepultor: el proletario agrícola. Este señor burgués de la agricultura mediante el desarrollo de las empresas agroexportadoras, que acumulan cada vez más tierras y recursos hídricos, ha convertido la agricultura en una industria; una industria peculiar que posee un proceso productivo complejo en el campo y la planta de procesamiento de mercancías, además de un sistema de agroexportación y mercadeo internacional.
El desarrollo progresivo del capitalismo en la agricultura es un preámbulo de la sociedad socialista. La fertilización de las tierras blancas de Ica y La Libertad, la implementación de tecnologías, la concentración de los proletarios agrícolas, la implementación de carreras y saberes agrícolas acorde al modo burgués de producción, quieran o no, servirá a su propio derrocamiento. ¡Que tiemblen los liberales y todos los enemigos del pueblo! Pues, no hay condición de que exista industria agroexportadora sin explotación de trabajadores agrarios. Y los proletarios agrícolas ya han comprendido que la riqueza que se encuentra en la mercancía de las uvas, los arándanos, las paltas, los mangos, los espárragos, etc. provienen de sus manos y se producen en sus propias tierras; sienten directamente la injerencia del imperialismo en nuestro país; las mujeres pesan con claridad la doble explotación en sus hombros; los niños se han cansado de desayunar hambre; los jóvenes se han cansado ver la universidad como un lugar que jamás pisarán.
Hoy el obrero agrícola ruge con la fuerza de un león y hoy, y en toda la historia, los terratenientes capitalistas serán un puñado de “corderos armados”. Pero qué son un puñado de ricachones comparado con los miles y miles de niños, mujeres y jóvenes agrícolas que viven trabajando todos los días con las manos encallecidas, bajo el sol del desierto, tragando polvo, soportando horas y horas de abusivas cargas laborales, quienes van labrando y forjando su alma y su cuerpo para el combate. Los insultos, las vejaciones y toda las calumnias y sandeces que cometen los capataces al interior de las fundos quedan como cicatrices en el alma de quienes hoy luchan en Barrio Chino, Los Álamos, Expansión Urbana y las ciudades obreras de La Libertad. Si la violencia con que empuñan la fuerza los obreros molesta a uno u otro incrédulo, que sus recriminaciones los dirija al terratenientes burgués por haber anidado tanto odio de clase en el corazón de jóvenes y niños desde tan temprana edad; ¡cuanta violencia habrá empleado el terrateniente burgués para forjar así a esta nueva clase revolucionaria!
Pueden los burgueses y sus amigos los reformistas apagar el fuego de la lucha actual, pero jamás podrán apagar el fuego que han encendido en el corazón del obrero agrícola.
¡Vivan los obreros agrícolas del Perú!
¡Viva los TRABAJADORES UNIDOS AGRARIOS DEL PERÚ (TUAGRAP)!
¡Abajo la explotación de los obreros agrícolas!
¡Por la recuperación de nuestras tierras y nuestros recursos hídricos!
¡Por la libertad de todos los presos políticos detenidos en las luchas del pueblo!
Domingo, 11 p.m. del 4 de diciembre, Ica-Perú

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